La conversación se repite casi con las mismas palabras: «necesito una web». Y a las dos preguntas se ve que no, que lo que hace falta es una landing. O al revés: alguien pide una landing suelta cuando lo que su negocio necesita es una web que explique quién es. Confundirlas no es un detalle técnico; es la diferencia entre que la publicidad te salga rentable o te la comas entera.
Van por separado porque responden a preguntas distintas. La web contesta «¿quiénes sois y qué hacéis?». La landing contesta «¿por qué debería dejaros mis datos ahora mismo?». Una invita a mirar; la otra pide algo. Y esa diferencia lo cambia todo: la estructura, el texto, los enlaces e incluso lo que se mide.
Qué hace una web corporativa que una landing no hace
Una web es el sitio donde alguien te investiga. Llega por tu nombre, por una recomendación o por una búsqueda amplia, y quiere hacerse una idea: a qué te dedicas, con quién has trabajado, si eres de fiar, cómo se te contacta. Tiene menú, tiene varias páginas, tiene un blog, y su trabajo es que el visitante pueda deambular hasta resolver sus dudas.
Por eso una web se posiciona. Cada página apunta a un tema, acumula historia en Google y va ganando visitas que no te cuestan dinero cada vez. Es una inversión que trabaja de fondo durante años.
Qué hace una landing que una web no hace
Una landing existe para una sola cosa. Alguien pincha un anuncio, aterriza, y en esa página solo caben dos finales: deja sus datos o se va. No hay menú que le distraiga, no hay blog al que escaparse, no hay quince enlaces compitiendo por su atención. Todo empuja hacia el mismo sitio.
Esa disciplina es justo lo que la hace funcionar con publicidad pagada. Si estás pagando por cada visita, cada distracción tiene un precio contable. Una web bonita con veinte salidas posibles convierte peor que una landing sosa con una sola, y no porque sea peor: porque no está hecha para eso.
recargadecocheselectricos.es no es una sección dentro de la web de Econergia: es una página aparte, con su propio dominio, un solo servicio —instalar un punto de recarga para coche eléctrico—, una zona —Madrid— y un formulario. Nada más. Ni menú de veinte entradas ni catálogo completo.
Lleva años funcionando y sigue siendo uno de sus canales de captación con mejor conversión. Econergia trabaja con nosotros desde hace más de quince años, y su web corporativa existe y hace su trabajo: son cosas distintas, conviviendo.
Cómo saber cuál te toca
Cuatro preguntas suelen bastar para salir de dudas.
- ¿De dónde va a venir la gente? Si viene de anuncios, de un código QR o de un email concreto, landing. Si viene de buscarte a ti o de buscar tu sector en Google, web.
- ¿Vendes una cosa o vendes muchas? Una campaña con una oferta clara se defiende sola en una landing. Un catálogo de servicios variados necesita sitio para explicarse.
- ¿Cuánto dura? Hay landings que nacen y mueren con la campaña, y ahí está su gracia: para «Instituto de Noblejas ¡YA!» montamos una de una sola página con la firma integrada, y en las primeras 24 horas reunió más de 500 firmas. Y hay landings que duran años, como la de Econergia de aquí arriba. Lo que va a seguir ahí dentro de tres años explicando todo tu negocio, en cambio, es una web.
- ¿Qué pasa cuando alguien deja sus datos? Si la respuesta es «llega un correo a una bandeja y ya veremos», el problema no es la página. Es que no hay nadie esperando al otro lado.
Lo normal es necesitar las dos
En la práctica casi ningún negocio elige. La web sostiene la presencia, se posiciona y recibe a quien te busca; las landings se montan encima para cada campaña concreta. La web es la casa, las landings son las puertas que abres cuando invitas a alguien.
Y a veces la puerta nueva merece casa propia. Inforcopy llevaba años con su web corporativa funcionando cuando abrió una línea nueva de soluciones audiovisuales junto a Sharp. En lugar de meterla como una sección más del menú, le montamos marca y web propias —inforcopyvisual.es—, con una consultoría audiovisual gratuita como puerta de entrada para captar contactos cualificados. Las dos conviven y cada una hace su trabajo: aquí está el caso completo.
Lo que sí conviene es no mezclarlas. Una web con una sección que finge ser landing acaba siendo mala web y mala landing a la vez.
La pregunta no es cuál es mejor, porque no compiten. La pregunta es de dónde va a venir la gente y qué quieres que haga al llegar. Con esas dos respuestas, la decisión se toma sola. Y si no tienes la segunda clara, ninguna de las dos te va a salvar: una página no arregla una oferta que no se entiende.
Preguntas frecuentes
¿Puedo usar mi web como landing para una campaña?
Puedes, pero vas a convertir peor. La página de inicio está pensada para que el visitante explore, y en una campaña de pago explorar es irse. Si el presupuesto de publicidad es pequeño, quizá compense empezar así; en cuanto la inversión sube, la landing se paga sola con la diferencia de conversión.
¿Una landing page posiciona en Google?
Puede, si está pensada para ello. Una landing suele vivir de tráfico de pago o de un enlace directo, pero una página muy enfocada en un servicio y una zona concretos también puede sostenerse en buscadores durante años. Lo que no hace es cubrir todo tu catálogo: para eso está la web.
¿Cuántas landings necesito?
Una por promesa. Si anuncias dos servicios distintos con dos mensajes distintos, mandar los dos anuncios a la misma página obliga al visitante a buscar lo suyo, y eso se paga en contactos perdidos. Cuando el anuncio y la página dicen lo mismo, la conversión sube sin tocar nada más.
Montamos la landing, la conectamos a tu CRM y te dejamos el dato a la vista. Si prefieres empezar por la casa, hablamos de la web.
Ver landing pagesVer desarrollo web